Por razones complejas, como las de todo emigrante, nos tocó vivir, desde hace casi veinte años, en Chicago. Este mes (Febrero, 1998) sufrimos al ver las maniobras que hizo Estados Unidos

PARA MATAR A SADDAM

4 de Febrero, diez de la noche. Nosotros, como el 50% de la población de EEUU, miramos la televisión. La Ministra de Relaciones Exteriores Madeleine Albright está hablando al partir en una gira mundial: No vamos en busca de apoyo, sino simplemente a informar a nuestros aliados. Si lo dejamos, Saddam se convertirá de nuevo en amenaza para el mundo. (Estás mintiendo, pienso yo para mis adentros. No vas a poder atacar sin apoyo internacional. Me injuria la mentira oficial, dicha con desparpajo e impunidad, amplificada por miles de canales y periódicos.)

11 de Febrero. El informativista tiene la mirada un poco en blanco: Gran apoyo a un ataque militar encuentra la ministra de Relaciones Exteriores en Egipto. Pasamos a su conferencia de prensa desde El Cairo. Y vemos a Madeleine Albright ante cámaras y micrófonos: Me da gran placer el apoyo a la posición americana recibido por nuestros amigos del gobierno egipcio. Saddam tiene que saber que no puede amenazar a sus vecinos y al mundo con impunidad.

Bueno, esa mujer mete miedo, pero enseguida noto que no hay ningún funcionario del gobierno egipcio con ella. Me parece que está gritando fuerte para que no nos demos cuenta que no encontró ningún apoyo en Egipto.

14 de Febrero. Hace varias semanas que nos inundan con imágenes de aviones, portaaviones, misiles, informes sobre armas químicas, armas biológicas, ántrax, botulismo, bubónica, bacilos, bacilones. Hasta en las radios, donde el único que se conocía era el rico bacilón, el que viene antes del cha-cha-cha. Los diputados del Partido Republicano comentan que no simplemente hay que bombardear instalaciones militares, sino matar (“ eliminar”, “ deshacerse de”, son los términos preferidos) a Saddam. Esa noche el presidente Clinton hablará a los jefes militares en el Pentágono (especie de estancia con techo que tiene el Ejército en Virginia) y fijará los objetivos de la operación militar. Los Republicanos no pueden dejar que el presidente sea More Macho, como dicen acá.

Dice Clinton, amenazante. Si no actuamos, Saddam seguirá tratando de reconstruir su arsenal; cuando lo reconstruya, va a ser temible y terrible, de enormes proporciones. Y cuando tenga ese arsenal portentoso, les aseguro, les prometo, que algún día, contra alguien, lo usará.

Yo me amargo cada vez más. Pienso que el que tiene a su disposición el arsenal mayor del mundo no puede evitar usarlo. Y no estoy pensando en Saddam. ) cómo es posible que Estados Unidos sea el “ mediador en el conflicto entre palestinos e Israel, cuando su parcialidad es tan clara? Y la mayor angustia, que por mustia duele mucho más, es pensar en lo alejados que estamos mi mujer, mis hijas y yo, de la manera en que la masa ciudadana en este país entiende las cosas.

Al otro día nos vuelve el alma al cuerpo. En la Universidad del Estado de Ohio, en un evento televisado por CNN a todo el mundo, una audiencia numerosa le da una paliza a Albright, al Ministro de Defensa Cohen y al Director de Seguridad Nacional. Un médico joven pregunta ) Por qué, si Saddam es una amenaza tan grande, no oímos ninguna palabra, ningún llamado de sus vecinos para que los defendamos?”. ) Si ustedes dicen que el ántrax se guarda en un tubito en una congeladora, cómo van a hacer para destruirlos?. Un profesor: Estados Unidos tiene obviamente el poder material, pero ) tenemos el poder moral para atacar a Iraq?.  A cada pregunta el rostro de Albright se arruga más, las generalidades de las respuestas se vuelven más generales, y las ojeras más negras, hasta que empieza el canto, desde las cuatro tribunas populares del estadio: Uno, Dos, Tres, Cuatro. ( No al racismo del Estado! Dos, Tres, Cuatro, Cinco. ( No a la guerra del racismo! Bueno, pienso yo, hay una esperanza.

Pero al otro día Clinton dice que se siente “ orgulloso de lo bien que se desempeñaron sus ministros, y “ seguro del apoyo de la gran mayoría del pueblo. Y sigue la procesión de portaaviones por televisión.

El 25 de Febrero es Luna Nueva, la noche señalada para el ataque. En los días 22 y 23 Kofi Annan, puesto a dedo en la ONU por los EEUU cuando Boutros Ghali se les puso pesado, hace su jugada maestra. Iraq accede a todo, pidiendo sólo un poco de dignidad. Annan es elegante, y suena razonable, sincero.

El mundo aplaude. Yo, en medio de una conferencia en Kansas City, me las arreglo para mirar televisión. Una periodista medio histérica pregunta: Y usted confía en Saddam Hussein? Annan le dice, como sobrándola, Yo puedo hacer negocio con Saddam Hussein.

Los Republicanos están lívidos. También los jefes militares. La movilización les costó mil millones y ahora les aterra la perspectiva de irse sin disparar un solo misil. El senador de North Carolina Jesse Helms, inventor de la famosa ley Helms-Burton contra Cuba, acusa a Annan de haber puesto a Estados Unidos en una jaula Si decimos que no, quedamos como los malos de la película. Tiene razón. Hay que inventar algo, pronto. Se deciden por una resolución amenazante del Consejo de Seguridad, a ser presentada por Gran Bretaña. Y Helms propone una nueva campaña de la CIA para eliminar a Saddam. Cuando él hace la propuesta la campaña ya está en marcha.

Yo estoy contento. Sólo verle las caras de amargura a Albright, Cohen, y Helms me compensa los disgustos de las semanas anteriores. Pienso con regocijo en que ahora la televisión dejará por un tiempo de hablar de guerra y mostrar portaaviones, y volverá a la dieta habitual: Michael Jordan - esplendor crepuscular-, Mónica Lewinsky -sexo no consumado en la Casa Blanca-. ( Pobre Clinton! No es tan malo, ( imagínense si el presidente fuese Jesse Helms!

Al otro día Bob Dole, el derrotado candidato presidencial, escribe en el New York Times: el presidente no “ educó bien al pueblo, y por eso no se pudo realizar la campaña aérea contra Iraq. Yo pienso que en realidad el pueblo no necesitaba esa “ educación”, y que está más educado de lo que creía. Por otro lado, el egoísmo básico sigue presente, y es azuzado y reforzado por el individualismo y el estímulo material que predominan en esta sociedad. Tal vez sea sólo cuestión de tiempo el que vuelva a producirse otra situación como ésta, resumida por el cronista Bob Herbert en otro artículo del New York Times:

Bombardear un pueblo hasta el olvido, sin ninguna buena razón, es descender a la barbarie. En la furia de nuestras convicciones y desde la seguridad de nuestros living-rooms, corremos peligro de transformarnos en una nación sin conciencia.@

Eduardo Ríos.

Erios@rush.edu (1134 S. Plymouth Ct., Chicago 60605, EEUU)