Hoy les cuento de los líos que se han armado entre los conservadores, y los otros, los que creíamos, parafraseando a Olga Delgrossi, que

CLONAR ES UN PLACER, GENIAL, SENSUAL

(con perdón de J. Viladomat, A Fumando Espero@ )

La esposa de mi vecino está embarazada. Un óvulo fecundado ha empezado a dividirse en su vientre. Algunas células del nuevo ser en formación sabrán producir una cabecita, otras, dos brazos, otras, dos piernas.

Pero ese proceso, tan complejo y tan normal, a veces se altera, y se producen clones. La célula del óvulo fecundado se divide en dos células idénticas, cada una con la extraña compulsión de producir un ser completo. El resultado usual: mellizos idénticos.

Los biólogos entienden las condiciones que resultan en ese tipo de división, y pueden producir, en probeta, dos divisiones sucesivas (cuatrillizos), tres (octillizos), o más.

Entonces, ) por qué la conmoción, el año pasado, cuando Ian Wilmut, de una empresa privada agroindustrial escocesa, clonó la oveja Dolly? Porque la clonación fue, por primera vez, originada en un animal adulto. Wilmut tomó un óvulo de la A madre@ (hay que tener cuidado con esta palabra), le quitó el núcleo (la parte central, con toda la información genética de la madre) y le puso el núcleo de otra célula. La célula provenía de la ubre de otra oveja, A Bernadette@ . El huevo reconstruído, con núcleo de la ubre de Bernadette, volvió al útero materno, donde produjo luego de una preñez normal, la ovejita Dolly. Dolly es idéntica a Bernadette, su clon.

Eso conmovió al mundo por muchas razones. Para empezar, los científicos pensaban que las células maduras, como las de la ubre de Bernadette, habían perdido la capacidad de producir un nuevo embrión (imagínense que lío se armaría si las células de una oveja vieja empezaran a producir ovejitas. A la naturaleza le interesa profundamente inhibir esa posibilidad, incompatible con la vida. Así los biólogos se habían convencido de que era imposible clonar células adultas).

Los científicos se entusiasman. Prefieren no pensar en que podría haber habido un error en el experimento. Imaginan que usando esas técnicas pueden multiplicarse células especializadas en producción de antibióticos, u hormonas, o células nerviosas que luego se inyectarán en el cerebro de los viejos para rejuvenecerlos. Hollywood saca ventaja, produciendo la película A Multiplicidad@ . El cable ESPN promociona la televisación diferida de partidos del domingo, arguyendo que la alternativa es clonarse a uno mismo, para poder verlos todos.

Pero en otros cuarteles cunde la alarma. Si un veterinario de Escocia puede clonar ovejas, no está lejano el día en que se clone gente. Y algunos dudan si el resultado podrá llamarse A gente@ . Para empezar, ) qué pasa con el alma inmortal?, ) los clones, la tendrán? Si a un técnico de laboratorio que está clonando en probeta se le ocurre multiplicar por ocho en vez de por dos, ) estará produciendo ocho almas?

La alarma se propaga. Los obispos católicos, que acá son la A izquierda@ de la religión, declaran que sí, que los clones tendrán alma, todos hijos de Dios. Sin embargo, la Iglesia Católica se opone firmemente al clonado de seres humanos.

Por supuesto, cada vez que en este país ocurre algo con potencialidad de cambiar el futuro, los que rápidamente desarrollan úlceras de estómago son los miembros del Partido Republicano, quienes proponen leyes para hacer de la clonación humana un delito mayor.

En este ambiente aparece entonces un provocador: un autodenominado A científico@ de Illinois (vive en mi misma calle, a dos cuadras de mi casa) anuncia que ha organizado una empresa para clonar seres humanos. No le preocupan las leyes en contra. En un típico arranque de racismo proclama: A si me impiden hacerlo acá, me voy a México@ .

Unas pocas averiguaciones traen mucho descrédito para el Dr. Seed. No es biólogo, sino físico. Estudió en Harvard, pero no es miembro de la Sociedad de Física. No tiene laboratorio ni cargo académico. Parece que su principal credencial para clonar es que su apellido significa "semilla".

A pesar de eso la histeria se agudiza. Dice un senador estatal: A ) qué hago si mi hijo, que tiene doce años, viene un día a casa y me trae un clon que mandó hacer? Tengo que vivir con esa A cosa@ ?@ . El presidente Clinton se sube al carro, y propone una ley radical de prohibición.

Yo me subo al otro carro. Como biólogo, instintivamente digo que sí, que vamo= arriba con los clone= . Pienso en los misteriosos procesos de control de la reproducción celular, que podrán ser mejor entendidos después de estos estudios. Sé además que muchos odian la clonación porque permitiría a las mujeres reproducirse sin intervención de los hombres (note que los hombres no podrán hacer lo mismo). Y por un tiempo pienso en todo esto como un avance en el proceso de A liberación femenina@ .

Después leo más, pienso más, y cambio de opinión. La cosa es así: la clonación es una forma asexual de reproducción. Podrá ser A genial@ , pero no es A sensual@ , ni sexual. ) Y qué problema hay con eso? Mucho y muchos. La reproducción sexual no existe, o no es necesaria, en los organismos más primitivos. Cualquiera sabe que se puede hacer una planta A de gajo@ , sin necesidad de flor, polen, o semilla. Pero esa planta será idéntica a la planta madre. La sexualidad, en cambio, alcanzada luego de millones de años de evolución, garantiza la variación: un hijo producido sexualmente no es idéntico al padre ni a la madre.

La vida puede interpretarse biológicamente como una lucha para eternizar los propios genes (en nuestra descendencia). Pero para ello es necesaria la reproducción sexual. Es incomparablemente mejor que los descendientes sean distintos, no idénticos al progenitor, de otro modo no podrían defenderse de condiciones cambiantes. Además conviene tener los genes en pares --si uno falla, queda el otro--. Es factible el propósito A egoísta@ de perpetuarse en la descendencia, pero se requiere un acto A generoso@ , CO-pular, mezclar los genes con los de otro individuo, perder el berretín de que mi hijo sea mi clon. El sexo es nuestro hijo, vamos-a-medias, cruza, y renovación forzosa a través del mestizaje genético.

Imaginen en cambio el clonado como forma reproductiva. Puede llevar a que en el futuro existan 100 millones de Kevin Costners, y que a cada uno le demos por esposa a Claudia Schiffer, o mejor todavía, no le demos ninguna esposa, serán A perfectos@ y se podrán seguir clonando. También podríamos tener 200.000 Michael Jordans para entretenimiento los domingos.

Todo esto puede analizarse desde un ángulo económico, como una tendencia más a la creación de monopolios. Así como tendemos al monopolio del software (Microsoft), de la comida (MacDonald= s) y de la música (Michael Jackson), la clonación podría finalmente unificar, purificar, monopolizar la raza.

Prefiero el placer, genial, sensual, que no es, por supuesto, ni fumar, ni clonar.

Eduardo Ríos.

Erios@rush.edu (1134 S. Plymouth Ct., Chicago 60605, EEUU)