Cuando chico, mis hermanos me explicaron que la belleza femenina incluía cintura fina, y pecho y caderas bien desarrollados. A los trece años, ya me pareció que la explicación era innecesaria. Hace poco me enteré de un estudio que aclara bastante nuestra obsesión por la

MUJER-GUITARRA

Todo tiene un porqué, y algunos se preguntan por qué existe la belleza. En algunas especies la belleza es del varón, pero en la humana no parece importar tanto. Recuerdo a dos de mis tíos viejos sumidos en una partida de ajedrez, frente a frente, con el codo sobre la mesa y el mentón en la mano, y me doy cuenta que la belleza masculina no estaba entre las virtudes familiares. Tal vez para consolarme, mis parientes me decían "El hombre, como el oso, cuanto más feo, más hermoso".

En cambio todo el mundo acepta la importancia y sucumbe a la atracción de las caderas femeninas. Esto tiene razones utilitarias obvias: caderas anchas y busto prominente son para el hombre joven garantías de fecundidad y evocan imágenes de familias grandes y vejeces acompañadas y seguras.

Sin embargo, no está tan claro por qué nos gusta la cintura fina. ¿Por qué la visión de una mujer con forma de guitarra provoca una necesidad de poseer y proteger casi dolorosa, como podríamos sentir por un instrumento mágico?

Algo se sabe. Por ejemplo, las mujeres jóvenes saludables tienen más estrógenos que progesterona en su circulación. Eso hace que se deposite más grasa en caderas y cola que en la cintura, y explica que, por lo menos en las sociedades desarrolladas, las mujeres tengan menos cintura que cadera. O, como dicen los expertos, un "cociente cintura/cadera", o CCC, menor que 1. En la figura las tres imágenes con el número 9 tienen un CCC de 0.9, y las tres con el número 7 un CCC de 0.7.

Otro dato, las mujeres de alto CCC, o "forma de pera", son menos fecundas, sufren más de diabetes y tienen otros problemas de salud.

Esos datos, obtenidos laboriosamente por los estudiosos, parecen parte del conocimiento intuitivo del macho, ya que los varones de muchas razas y culturas siempre han preferido a la mujer- guitarra; nadie necesita que le aclaren que parte esencial de la "filosofía" de las tan mentadas cadeiras de Sofía es una cintura fina. Todo ésto parece bueno para la especie humana, y ha sido reforzado por la selección natural. En ese sentido la ciencia tiene menos problemas que la religión en justificar por qué algunas muchachas están siempre rodeadas de pretendientes, mientras a otras les cuesta tanto "perfumar las flores de sus años".

Sin embargo, los pueblos en los que se han encontrado esas preferencias han estado todos expuestos a la cultura dominante occidental, y en el presente, a la televisión y la propaganda agresiva del capitalismo consumista: mina escultural arriba de auto fálico, o sosteniendo botella de cerveza o cigarro ídem. ¿Nos estarán lavando el cerebro?

Por suerte todavía quedan en el mundo algunos cerebros sin lavar. En el Parque Manu del Perú sudoriental viven los Matsigenka, al uso tradicional –agricultura mínima, recolección y caza. Sólo los científicos pueden entrar al parque. Allí fueron Douglas Yu y Glenn Shepard, desde Inglaterra y Berkeley, a mostrar a los Matsigenka las imágenes que aparecen en la figura. Las marcadas N son de peso Normal (para nosotros), las O tienen sObrepeso y las U, sUbpeso.

Un hombre de la aldea Yomibato, dentro del parque, definió a la O9 como "saludable", O7 le resultó "muy flaca de cintura, probablemente tuvo diarrea", a N9 la encontró "pálida", y a U9 "casi muerta". Por amplio margen, los varones de Yomibato eligieron a O9 como la más saludable, más atrayente y más deseable como esposa.

Las mujeres Matsigenka fértiles son gruesas de cintura, aún antes de ser madres. Después de la menopausia pierden peso, y se les afina la cintura. Así que el estudio de Yu y Shepard apoya lo que la gente que investiga estos temas siempre pensó, que el proceso de selección natural ayuda a los que eligen bien, asegurando que se propaguen los gustos más beneficiosos desde el punto de vista de salud y fertilidad. Por alguna razón las Matsigenka fértiles y saludables son "gorditas". Bueno, dicen los hombres: ¡arriba las gorditas!

Fuera de los límites del parque está Shipetiari, una población Matsigenka no tan aislada. Allí los varones concordaron en que O9 era la más saludable, pero preferían a O7 estéticamente y también como esposa. Otros que viven cerca del parque, a lo largo del Alto Madre de Dios, un río usado como vía de comunicación y comercio con mucho más acceso al Perú "civilizado", se anotaron con N7, por amplia mayoría, al igual que un grupo de encuestados en los Estados Unidos. Es obvio que los patrones estéticos se exportan e imponen a través de la comunicación de masas.

Finalmente, Yu y Shepard le sacan otra punta interesante al estudio, que confirma mi vieja convicción de que Tacuarembó es un lugar privilegiado. Dicen ellos que en sociedades tradicionales, no culturizadas por los medios de comunicación y el comercio, los estereotipos de belleza física no son tan importantes en la selección de pareja. Esto es así, dicen ellos, porque en los pueblos chicos y en las sociedades tradicionales los varones en busca de compañera tienen acceso a otras fuentes de información. Para empezar, conocen a la familia de la "candidata", su historia, su salud. Miran a la madre y a las tías y se imaginan mejor lo que traerá el futuro. Se casan un poco con la familia de la novia (y ella evalúa al novio de la misma manera). En las sociedades desarrolladas, que se caracterizan por ciudades grandes, individuos aislados y lazos sociales más débiles, la pareja debe elegirse sin tanta información, por lo que los datos físicos individuales, la belleza visible (o palpable), pasa a tener mucho más importancia.

M'hija, si usted no se parece mucho a Jennifer López, confíe en sus otras virtudes, y sobre todo, no se aleje del pago.

(Gracias, Doug Yu y Glenn Shepard, por la ilustración y todos los datos, publicados en Nature, en 1998).

Eduardo Ríos.

erios@rush.edu (1134 S. Plymouth Ct., Chicago 60605, EEUU)